Se habla estos días de cómo en el ámbito del periodismo local es posible establecer el necesario y cada vez menos patente control periodístico sobre los gobiernos, en nuestro caso, los ayuntamientos.
El tema llega a propósito de la decisión de The Guardian de contratar a bloggers para que se encarguen de la realidad local, y más en concreto, de “luchar contra la corrupción en las instituciones públicas”, según traduce 233grados.
Desde mi experiencia personal no puedo más que decir que todo es una falacia. Luchar contra la corrupción local desde un medio local es prácticamente imposible.
En primer lugar porque los redactores no tienen tiempo suficiente de llevar a cabo investigaciones que permitan aflorar este tipo de delitos (si no quién iba a redactar las farmacias de guardia de la localidad o la agenda cultural y deportiva).

Cachuli no fue víctima de los bloggers
Es necesario tener en cuenta que las fuentes (en nuestro caso el partido de la oposición) que revelan los casos de corrupción del Gobierno prefieren siempre aportar esa información a los grandes medios, que son los que, de momento, tienen mayor repercusión y por tanto pueden hacer más daño.
Para que un medio local pudiese establecer un control férreo de la Administración local tendría que haber una plena desvinculación entre ambos. Por ejemplo que el Ayuntamiento hubiese vetado al periódico en cuestión, o que éste no aceptase pagos en forma de publicidad por parte del Ayuntamiento. Lo que difícilmente ocurre.
Añadamos también que el 90% de la información que aparece en los medios locales es generada por el Ayuntamiento. Lo que significa que los gabinetes se encargan con tesón de que todo lo que se publique sea generado por ellos. “Cuanta más información les coloquemos menos espacio tendrán para colocar otras informaciones”.
En fin. Pensar que un periódico local tiene capacidad para controlar la gestión de un Gobierno significa no conocer la relación entre ambos, y por supuesto, la situación económica y laboral del medio.
De este modo, la tarea de los bloggers como fiscales de los ayuntamientos se me antoja bastante ilusoria. Puede que tengan capacidad para denunciar ciertas cosas, o como para funcionar de fuentes a los propios medios locales (de hecho lo son), pero dudo que tengan las facultades necesarias para acceder a información bien guardada en los archivos del Ayuntamiento.
Un blogger vecino de la localidad puede denunciar en su blog que anoche hubo un apuñalamiento en su calle. O que la versión dada por la policía no coincide con la que él vio (¿Cuántas veces somos testigos de los hechos?). Pero dudo mucho que sea capaz de acceder a un documento que delate un caso de corrupción.
La información aportada por los bloggers en este ámbito no creo que supere el rumor o el mero chivatazo incontrastado. Un “el concejal es el propietario de la empresa que organiza los festejos, pero no está a su nombre”.